viernes, 28 de abril de 2017

EL TEMPLUM PACIS, FORO DE LA PAZ O FORO DE VESPASIANO EN ROMA

     Por su configuración e incluso funcionalidad se puede considerar como el foro más peculiar y uno de los más extensos (cerca de 21.000 m2) con que contó la ciudad de Roma en la Antigüedad. Fue mandado construir por el emperador Vespasiano y finalizado años más tarde, en el 75 d. C.
     El Foro de la Paz o Templum Pacis (como fue conocido y nombrado por algunos autores antiguos) estaba constituido por una gran plaza central (de 110 x 105 metros), abierta, rodeado por corredores porticados con columnatas en tres de sus lados, a excepción del flanco septentrional, que lindaba con el Foro de Nerva, y cuya decoración consistía en una hilera de 20 columnas corintias lisas de mármol africano, de mayores dimensiones que las de los lados restantes, cuyo orden completo llegaba a alcanzar una altura de 15,5 metros (sólo los fustes monolíticos tenían 11,7 metros de longitud) que sobresalían respecto a la pared del fondo que actuaba como cerramiento. En esta pared se abrirían una serie de vanos (seguramente puertas, aunque también es posible que existieran vanos superiores a modo de ventanas) que establecerían comunicación directa con la plaza forense adyacente.

Imagen cenital del complejo arquitectónico del Foro de la Paz con la configuración y disposición de los principales elementos que la componen: los euripi o estanques agrupados a ambos lados de una zona central despejada, las líneas de setos y decoración vegetal que bordean los estanques, las hileras de árboles, el altar central flanqueado por pedestales de estatuas, las columnatas de lo pórticos perimetrales, la monumental columnata de acceso al pronaos, el altar, y la franja pavimentada del lado septentrional.
     Las intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en la zona hasta hace muy poco tiempo han puesto de manifiesto que prácticamente la totalidad de la plaza poseía un suelo de tierra compactada, a excepción de una franja de 12 metros de anchura que recorría el flanco septentrional que estaba pavimentada con losas de mármol blanco.
     En la zona no pavimentada de la plaza se situaban seis estructuras alargadas, realizadas en ladrillo y revestidas con mármol blanco. Se sitúan tres a cada lado de una amplia franja central, despejada, y estaban separadas entre sí unos cinco metros de distancia. Su longitud (unos 60 metros), su altura (alrededor de 1,5 metros), su anchura (4,5 metros) y el hallazgo de restos de canalizaciones de plomo relacionados con estas estructuras, han sido identificadas como estanques decorativos o euripi. Estos estanques almacenaban agua en la parte central, abierta y, posiblemente, a través de diversas fontanas dispuestas longitudinalmente a lo largo de su estructura ésta se vertería hasta unos pequeños canales marmóreos que discurren pegados al suelo a lo largo del la totalidad del perímetro de cada uno de los estanques y cuyos restos han aparecido en las excavaciones de la zona.

Imagen del interior de la plaza vista desde el lado septentrional. A lo largo de la zona central se disponían dos hileras de cinco pedestales cada una destinados a servir de soporte a esculturas o grupos escultóricos que, a su vez, flanqueaban un gran altar con funciones religiosas o ritualísticas. Al fondo, la entrada al área de culto del recinto con sus gigantescas columnas. 
     Bordeando estas canaletas perimetrales inferiores han aparecido indicios de la existencia, durante la época de uso de este complejo arquitectónico, de setos vegetales y diversos tipos de plantas florales. Es probable que esta decoración vegetal se enriqueciese aún más con la presencia de hileras de árboles dispuestos en los espacios comprendidos entre un estanque y su adyacente.
     En la parte central de la plaza, en una posición cercana al pórtico meridional, las excavaciones han sacado a la luz los restos de una estructura cuadrangular que parecen corresponder a un gran altar que probablemente tuvo funciones rituales. En el lado occidental de este posible altar se han hallado cinco cimentaciones dispuestas en fila que parecen corresponder a otros tantos pedestales sobre los que se colocarían estatuas o grupos escultóricos. A este conjunto de pedestales les correspondería otro análogo y colocado de manera simétrica en el lado oriental.

Vista aérea de la configuración de la parte central de la plaza con la disposición de sus principales elementos. Los estanques junto con los setos vegetales, la decoración floras y los árboles otorgan a este espacio un aspecto de jardín, mientras que las estatuas, relieves, pinturas y todo tipo de obras de arte que se exponían entre sus muros lo convertían en un museo excepcional para la época.
     La plaza estaba bordeada en sus flancos meridional, occidental y oriental por corredores porticados de unos 12 metros de anchura y pavimentados con losas de mármoles polícromo de las variedades giallo antico y pavonazzetto colocadas alternativamente. Estos corredores eran accesibles desde la plaza mediante una serie de peldaños que salvaban el desnivel de 1,5 metros existente entre ambos espacios. Las columnas de los pórticos eran lisas, con un fuste monolítico de granito rosa de alrededor de 8,5 metros de longitud y basas y capiteles elaborados en mármol blanco. Sobre los capiteles apoyaba una cornisa moldurada de mármol blanco que sostenía un tejado a una única vertiente realizado con tejas e ímbrices de mármol blanco, rematados con antefijas del mismo material. A lo largo de las paredes de fondo de los pórticos oriental y occidental se abrían los accesos a algunas salas de servicio.

Imagen del interior del corredor porticado oriental. Hacia el lado de la plaza los pasillos perimetrales estaban delimitados por una columnata con  fustes elaborados en granito rosa que contrastaban cormáticamente con las basas y capiteles realizados en mármol blanco. Estaban pavimentados con losas marmóreas de tonalidades amarillas y blancas, colocadas alternativamente. Las paredes trasera de los corredores estaban decoradas con lesenas marmóreas dispuestas a intervalos regulares y los espacios entre ellas revestidos de lastras de diversos tipos de mármol. También a intervalos regulares, sólo en los corredores oriental y occidental se abrían las entradas a dos estancias laterales. Una barandilla o barrera de cipollino dividía longitudinalmente cada uno de los corredores, posiblemente para impedir el acceso directo a las numerosas obras de arte de todo tipo que se situaban en una posición cercana a las paredes del fondo.

Imagen, desde el interior de la plaza, de un tramo del corredor porticado oriental. Se observa el extremo de uno de los euripos, la escalinata perimetral que permitía salvar el desnivel existente entre el suelo de la plaza y el de los corredores porticados, parte de la franja pavimentada del lado septentrional del interior de la plaza, así como (en la parte central de la imagen) el acceso a una de las estancias laterales de los pasillos perimetrales.

Imagen del interior del corredor meridional, justo desde el pronaos que antecede al aula de culto. Las esculturas se disponían sobre pedestales situados junto a las paredes de fondo.
      La peculiaridad más llamativa de estos corredores perimetrales reside en la presencia de una barrera continua, profundamente fijada en el pavimento, revestida con lastras de mármol cipollino, que dividía longitudinalmente cada uno de los corredores en dos mitades exactamente iguales, pero perfectamente separadas una de otra. No está clara la función de esta barrera, aunque es posible que sirviera para establecer una separación efectiva entre el público que acudía al complejo arquitectónico y las esculturas que se encontraban dispuestas, entre las lesenas marmóreas que decoraban las paredes del fondo de los pórticos, tal y como parecen indicar los restos de pedestales encontrados en las intervenciones arqueológicas.
     En la parte central del pórtico septentrional se desarrolla una imponente portada conformada por seis columnas gigantescas, de fuste liso y monolítico realizado en granito rosa egipcio, con una longitud cercana a los 15 metros. La basas, capiteles y entablamento que conformaban este orden estaban realizadas en mármol blanco lunense. El conjunto se coronaba con un frontón triangular, también elaborado en mármol blanco. Esta portada daba acceso al pronaos del verdadero espacio de culto, al que se accedía definitivamente a través de una segunda hilera de seis columnas con unas características tipológicas en todo análogas a la anterior.

Imagen frontal de la imponente fachada que daba acceso al área de culto del complejo arquitectónico. Las inmensas columnas contaban con fustes lisos monolíticos que alcanzaban los 15 metros de longitud. El conjunto se completaba con basas, capiteles y entablamento realizados con mármol de tonalidad blanca. A través de una segunda columnata interna, idéntica en todo a la exterior, se accedía directamente al aula de culto.
     El aula de culto consistía en una profunda estancia rectangular, en cuya pared de fondo se abre un ábside semicircular. Aproximadamente el último tercio meridional de la sala estaba ocupado por un podio de 1,5 metros de altura respecto a la cota de paso del resto del aula. Este podio no presenta un frente recto, sino que presenta un tramo avanzado de aproximadamente un tercio de la longitud total. Las excavaciones arqueológicas de esta zona han sacado a la luz pruebas de una instalación hidráulica que posiblemente estaría relacionada con la presencia de algunas fontanas lustrales sobre el podio. También sobre el podio, en  una posición central y coincidente con el ábside del fondo se situaba un gran pedestal de 3 metros de altura, revestido de lastras marmóreas, sobre el que estaría apoyada una colosal estatua dedicada a La Paz, posiblemente personificada como una divinidad femenina. El pavimento del resto del aula de culto, comprendido entre el pronaos y el podio, estaba conformado por un opus sectile de gran formato organizado según un esquema reticular. La malla está conformada por la disposición de filas de lastras rectangulares de mármol pavonazzetto que se entrecruzan formando grandes espacios cuadrados de 3,5 metros de lado. El interior de estos cuadrados está revestido de mármol de la variedad giallo antico, excepto en la parte central, donde se disponen de manera alternativa y buscando el contraste cromático, grandes discos de pórfido rojo, granito gris (de la variedad denominada como "granito del Foro") y pavonazzetto de 2,5 metros de diámetro. Estos discos estaban todos bordeados por una estrecha banda marmórea (alrededor de 20 centímetros de anchura) realizada tanto en pórfido rojo como en pavonazzetto.

Imagen del interior de la plaza visto desde el ángulo nororiental. 
     A ambos lados de la estancia de culto se abrían dos pares de estancias que prestaban servicio al resto del complejo arquitectónico. La función de las dos estancias del lado oriental es desconocida por encontrarse aún sin excavar, mientras que aquella situada en el extremo del lado occidental pudo tener una función administrativa o catastral ya que contuvo con total seguridad en su interior la denominada Forma Urbis severiana. Ésta consistía en un plano de la Roma de la época con numerosas indicaciones topográficas y catastrales, realizado mediante la labra de 150 lastras de mármol blanco dispuestas en una de las paredes de cierre de la sala y alcanzaba unas dimensiones de 18 x 13 metros. Algunos de los trazos incisos de la Forma Urbis estaban pintados de color rojo, quizás para diferenciar cada una de las Regiones en que se dividía la capital imperial en aquella época. Hoy se considera que la Forma Urbis marmórea no tenía una función consultiva, debido a sus grandes dimensiones y a la dificultad que entrañaba distinguir determinados detalles por un espectador que se encontrase a nivel del suelo de la sala. Es posible que, incluso en la misma estancia, existiese otra "Forma Urbis" más fácil de consultar, elaborada a partir de documentos realizados en papiro o pergamino y que la estancia sirviese de archivo, consulta y biblioteca para este tipo de documentos.

Recreación ideal del recinto de la Forma Urbis. El plano marmóreo, fijado en la pared del fondo, tenía unas dimensiones enormes que impedían un uso práctico como documento catastral o topográfico, por lo que probablemente tendría una función meramente decorativa y ornamental. La posible existencia de planos y documentos elaborados en materiales más manejables y accesibles, junto con su facilidad de almacenamiento y custodia, convertirían este espacio en una especie de archivo o biblioteca, tal y como señalan algunas fuentes de la época que debió existir en el Foro de la Paz.
     Por lo que respecta a la decoración de esta sala, el pavimento está conformado por una alternancia de losas marmóreas, muy regulares en sus dimensiones, de las variedades pavonazzetto y portasanta, colocadas alternativamente configurando un esquema escalonado. El revestimiento parietal consistiría en un zócalo continuo de losas de portasanta sobre las que discurriría un fino listel moldurado de mármol blanco. Sobre todo ello, se volvería a repetir la alternancia de lastras de portasanta y pavonazzetto, en este caso conformando alineaciones verticales según su policromía.

viernes, 4 de noviembre de 2016

MACHINAE VI: LA SERRERÍA MECÁNICA DE BLOQUES PÉTREOS DE HIERÁPOLIS DE FRIGIA


"Marco Aurelio Amiano, ciudadano de Hierápolis, tan hábil como Dédalo en la elaboración de una máquina movida por una rueda. Ahora descansa aquí para siempre en este sarcófago".

     Éste es el epitafio que se puede leer en el frontal de uno de los muchos sarcófagos marmóreos que aún se conservan prácticamente in situ y que formaban parte de una extensa necrópolis situada en una de las vías de entrada/salida principales a la antigua ciudad de Hierápolis de Frigia (actual Pamukkale, en Turquía).
Fotografía de la tapa de sarcófago tal y como se encontraba en 2005. El estado de conservación del epitafio y del relieve es excepcionalmente bueno. Foto: K. Grewe.

     Esta pieza, que había pasado desapercibida durante 1.700 años, llamó la atención de los investigadores en 2005 debido a la representación tallada en relieve de lo que parecía ser una especie de maquinaria o artilugio mecánico. El estudio de esta pieza lo llevó a cabo el Profesor Klaus Grewe, que dedujo que los relieves esculpidos en el frontal de la tapa del sarcófago representaban una sierra mecánica para cortar bloques de piedra en mitad del proceso de serrado.
Infografía de la tapa del sarcófago en el que vienen indicadas cada una de las partes de la máquina de serrar y su correspondencia con el relieve labrado.

Desarrollo tridimensional idealizado del ingenio mecánico a partir de los estudios llevados a cabo sobre la pieza original y la interpretación de su funcionamiento, con todos los elementos situados en posición de funcionamiento.

Imagen cenital idealizada de la serrería de Hierápolis.

Vista aérea oblicua idealizada del dispositivo mecánico para cortar bloques de Hierápolis de Frigia a partir de la interpretación del relieve contenido en la tapa del sarcófago de Amianus.

     Un canal dejaba caer el agua por acción de la gravedad hasta una rueda motriz a una altura aproximada de la mitad de su diámetro. El golpeo constante del agua en las palas de la rueda generaría en ésta un movimiento circular continuo alrededor de su punto central.
Interpretación de la rueda motriz que ponía en funcionamiento el mecanismo según la interpretación del relieve de Amianus. El agua atacaría las palas de la rueda a una altura media y su caudal continuo conseguiría un movimiento giratorio circular continuo.

     Esta rueda motriz estaría conectada a un eje, el cual, a su vez, transmitiría el movimiento giratorio a otra pieza que, actuando como un piñón dentado, volvería a transmitir el movimiento rotatorio a una tercera y última rueda con forma de tambor. Esta última rueda funcionaría como un cigüeñal y pondría en movimiento dos bielas. Las bielas estarían conectadas al cigüeñal en sus dos extremos y en un punto excéntrico respecto al eje central para conseguir así transformar el movimiento giratorio vertical en otro de vaivén horizontal, necesario para llevar a cabo el corte efectivo de los bloques.
Interpretación del sistema de transmisión eje principal/piñón/cigüeñal/biela a partir de la disposición d los elementos labrados en el relieve de Amianus.

     En los extremos distales de cada una de las bielas estarían acoplados los bastidores los cuales llevarían instaladas sendas hojas de corte que serían las que, por fricción, realizarían el serrado de los bloques. Según la representación gráfica del ingenio mecánico que aparece labrado en la tapa del sarcófago, esta máquina sería capaz de realizar el serrado simultáneo de dos bloques.
Recreación de uno de los bastidores con que contaría la máquina de serrar de Hierápolis. La hoja de sierra estaría acoplada en los bastidores que la mantendrían tensionada para poder realizar efectivamente el corte.

     El artista que realizó la representación gráfica del relieve puso el énfasis en mostrar a la máquina en pleno funcionamiento ya que los bloques están representados en mitad del proceso de serrado. Los bastidores de corte, por su parte, solamente están esbozados de forma esquemática, pudiendo tan sólo deducirse que la hoja se colocaba tensionada mediante un armazón externo. Otros detalles, como los apoyos del eje central motriz o los sistemas para evitar el ladeo, la torsión o la inclinación durante el proceso de serrado, han sido suprimidos, posiblemente para evitar una acumulación de detalles que haría más confusa la lectura correcta del relieve.
     En la reconstrucción hipotética que aquí se propone se ha optado por intuir la participación de operarios en el proceso de guiado de los bastidores de corte así como la inclusión de contrapesos que aumentasen la presión sobre los bastidores y, por consiguiente, sobre la hoja de corte y permitir la profundización de ésta en el interior del bloque.
Es evidente que el relieve labrado en la tapa del sarcófago de Amianus, aun siendo lo suficientemente explícito para poder identificar el mecanismo representado, adolece de algunos detalles que ayudarían a explicar algunas cuestiones técnicas que no quedan resueltas. En la interpretación que aquí se hace apuesta por el uso de contrapesos y la participación activa de operarios en el proceso de corte.

Imagen cenital de la sierra de bloques de piedra de Hierápolis con la participación de operarios en el proceso de serrado.

Imagen en perspectiva oblicua de la recreación de la máquina de serrar bloques de Hierápolis con el uso de contrapesos y operarios en el manejo de los bastidores de corte.


miércoles, 17 de agosto de 2016

LAS TERMAS DEL FORO DE OSTIA ANTICA

     Se trata, sin duda, de uno de los complejos termales más extensos de toda la ciudad de Ostia Antica, ocupando una superficie cercana a los 3.500 m2
     Aunque la estructura conservada presenta varias fases constructivas sucesivas, la primera época de uso se fecha a partir de la segunda mitad del siglo II d. C.
     En el interior, la decoración muraria consistía en un revestimiento de placas marmóreas (crustae) que, desde el suelo y a modo de zócalo, llegaba a alcanzar en algunas de las salas una altura cercana a los 3 metros; a partir de ahí, la decoración se complementaba con estucos decorados y, probablemente, algunas pinturas murales. Por regla general, la mayor parte de los pavimentos de los distintos ambientes de este complejo termal estaban decorados con mosaicos bicromos (una combinación de teselas blancas y negras) conformando motivos geométricos.
Imagen cenital de las Termas del Foro de Ostia Antica. En la parte superior se aprecia el conjunto de tejados de los ambientes fríos; en el centro, las fachadas escalonadas de los ambientes cálidos; en la parte inferior, la palaestra porticada con los templetes laterales.
     Los ambientes fríos, que forman un solo bloque constructivo, se encuentran en el lado septentrional del complejo arquitectónico y los restos conservados parecen indicar que las estancias frías estaban cubiertas con bóvedas de crucería. Contaba con dos entradas principales en la fachada norte, una en el lado oriental y otra en el flanco occidental, y ambas daban acceso a dos amplios vestíbulos decorados con un zócalo marmóreo y pinturas murales. Desde cada uno de los vestíbulos, y siguiendo una dirección concéntrica, se accedía, a través de una amplia abertura, a sendos espacios porticados, que estaban descubiertos en su parte central y que acogían en sus lados meridional y septentrional unos habitáculos que se han identificado tradicionalmente como apodyteria o vestuarios. Los vestuarios situados en el lado norte contaban cada uno con una serie de tres amplios ventanales que daban a una calle exterior y que proporcionaban una iluminación natural óptima y una buena ventilación a estos espacios.
Imagen hipotética de un apodyterium o vestuario. La entrada estaba flanqueada por dos columnas centrales y otras dos apilastradas en los laterales. Una serie de tres ventanas que daba a una calle contigua proporcionaba la iluminación y la ventilación necesaria en este tipo de espacios.
     A continuación, y siguiendo de nuevo una dirección concéntrica desde cada uno de los vestuarios, se accedía propiamente al frigidarium o ambiente frío típico de estos edificios termales. la planta del frigidarium se articula en torno a un amplio espacio central cuadrangular. En cada una de las esquinas de ese espacio central cuadrangular se disponen grandes columnas de mármol sobre plintos que sostienen un entablamento a partir del cual arrancaría la bóveda de crucería que cubriría el interior de este ambiente. La altura interna del frigidarium se ha calculado en torno a los 15 metros en base a los restos de las estructuras arquitectónicas conservadas, así como a las dimensiones de las columnas mencionadas que han llegado hasta la actualidad.
Imagen hipotética del frigidarium desde uno de los vestíbulos de entrada. Grandes columnas monolíticas de mármoles polícromos se disponían  en las esquinas y flanqueando las entradas de las dos natatia laterales. La iluminación de este amplio espacio se conseguía mediante grandes ventanales abiertos en la parte superior de los muros de cierre.
     
Imagen de la zona de ambientes fríos de las Termas de Foro de Ostia Antica desde una de sus entradas principales. Algunos indicios conservados parecen sugerir que el pavimento de esta zona pudo estar compuesto por un opus sectile marmóreo.
     Al norte y al sur del frigidarium, siguiendo el eje central, se abren unas piscinas, delimitadas por un pequeño pretil sobre el que se disponen dos columnas de mármol que embellecen y hacen resaltar la entrada a ambas natatia. Estas pequeñas piscinas tenían originalmente una planta rectangular, sin embargo, reformas posteriores en el edificio dotaron a la situada en el lado norte de un ábside como cerramiento de fondo en el que se abren ventanales. A lo largo de las paredes perimetrales de cada una de las piscinas se abrían nichos y hornacinas, alternando el fondo recto con el semicircular. Estos nichos, probablemente, tuvieron la función de alojar esculturas u otros objetos decorativos. Los hallazgos arqueológicos llevados a cabo en estos entornos han puesto de manifiesto que por debajo de algunos de estos nichos pudieron existir tuberías de plomo que surtirían de agua estos espacios. El acceso al interior de cada una de las piscinas se realizaba mediante dos escalones que, a su vez, servían como asientos a los usuarios. 
Natatio rectangular situada en el flanco sur del frigidarium. Dos columnas centrales y otras dos apilastradas embellecen la entrada a su interior. Estaba revestida con mármoles blancos. Los nichos y hornacinas que se abren en las paredes laterales y en el muro de fondo pudieron alojar esculturas y otros ornamentos muebles. Las evidencias arqueológicas parecen indicar que bajo estos nichos se encontrarían los surtidores que abastecían de agua este recinto.
Natatio absidiada del flanco norte del frigidarium. Revestida con placas marmóreas de tonalidades blancas, su decoración se completaba con estucos y pinturas murales. Tres amplios ventanales abiertos en el muro del ábside del fondo dotaban a este ambiente de una gran luminosidad.
     Flanqueando ambas piscinas, a izquierda y a derecha de las mismas, se abren unas pequeñas habitaciones de planta cuadrada sobre cuya función no existe consenso entre los investigadores, pero que indudablemente conformarían una parte importante del circuito seguido por los usuarios en el interior del complejo termal. De estos pequeños habitáculos, los situados en el lado norte contaban con un gran ventanal para conseguir iluminación; por el contrario, los habitáculos del lado sur disponen de una puerta que da acceso a los ambientes calefactados de las termas.
Vista de la entrada de uno de los habitáculos que se situaban a ambos lados de las piscinas. Aunque no se conoce con certeza su función, su situación centralizada parece indicar que desempeñaron un papel importante en el funcionamiento del establecimiento termal y en los servicios que éste ofrecía a los usuarios.
     Las estancias cálidas se sitúan en el lado sur del edificio. La fachada meridional, orientada hacia el interior de la palaestra, presenta una gran variedad formal. Fue concebida y diseñada de tal manera que las salas, comenzando por las más occidentales, recibieran la máxima cantidad de luz a partir del mediodía y, para ello, la fachada de cada una de ellas sobresalía progresivamente de la adyacente y contaba, además, con grandes ventanales en sus frentes. Estas ventanas, con el fin de mantener una temperatura idónea, debieron de estar constituidas por un marco de madera sobre el que se encajaban módulos de vidrio.
Vista aérea del aspecto que presentaba el conjunto de fachadas de los ambientes cálidos. De derecha a izquierda, sus paramentos se van retrayendo escalonadamente con el fin de aprovechar lo máximo posible la iluminación (posiblemente también el calor) natural del sol, mediante grandes ventanas y miradores. Bordeando este conjunto de fachadas discurría un pequeño paseo sobreelevado respecto al nivel de la palaestra.
     De derecha a izquierda, en primer lugar se encuentra el caldarium o ambiente más cálido del complejo termal, directamente situado sobre los hornos (praefurnia), los cuáles suministraban el calor necesario a través del sistema de hypocaustum (suelo sobreelevado sostenido mediante piletas de ladrillo u otro material que crea una cámara por la que circula el aire cálido). Unos conductos cerámicos o tubuli insertos en las paredes distribuían el calor por ellas y lo dirigían hacia el tejado, por donde era evacuado. El caldarium tiene planta cuadrada y cuenta con tres natatia o piscinas: una en cada lado excepto en el occidental. Un pequeño pretil escalonado sirve como cerramiento parcial al tiempo que actúa como lugar de reposo o descanso de los usuarios antes o después de haber tomado el baño. Hacia el interior de cada una de las piscinas, tres escalones descienden hasta el fondo de la misma e, igualmente pueden hacer la función de bancos de reposo. La piscina oriental tiene el muro de fondo ligeramente curvo. Las piscinas norte y sur fueron originariamente de planta cuadrada, sin embargo una reforma posterior modificó sustancialmente la estructura de ésta última y la dotó de un cerramiento absidiado en el que se abrían ventanas separadas por columnas. La decoración de la sala contaba con un zócalo a base de crustae de mármol blanco, de las que algunas se han conservado in situ; por encima de este zócalo existirían pinturas murales y estucos decorativos.
Recreación del interior del caldarium visto desde la natatio absidiada del lado meridional. En la parte central de la imagen se puede observar el acceso escalonado a la natatio septentrional; en el lado derecho se ve parte del acceso escalonado a la piscina occidental. La puerta que se abre en la pared del fondo es el acceso principal, mientras que la puerta de la izquierda comunica con el tepidarium.

Recreación del interior del caldarium visto desde la natatio septentrional. En la parte izquierda se puede ver parcialmente la natatio occidental. Al fondo se puede observar la natatio absidiada y los ventanales que ofrecen una vista del exterior de la palaestra y confieren una iluminación óptima.
     Hacia el oeste del caldarium se sitúan dos estancias seguidas que parecen conformar el tepidarium o conjunto de ambientes templados del edificio termal. La más oriental de las dos estancias presenta una planta cuadrada. La fachada, completamente rectilínea, presenta un amplio ventanal dividido mediante pilares marmóreos de sección cuadrada. En algunos de los bloques que conforman esos pilares se han conservado los agujeros que servirían para acoger el sistema de fijación de los marcos de las ventanas. La estancia occidental del tepidarium, sin embargo, presenta una fachada curvilínea donde se abre otro gran ventanal dividido mediante dos columnas. Estas dos estancias carecen de todo resto que pudiera indicar la existencia de alguna bañera o piscina en su interior, por lo que han sido tradicionalmente identificadas como zonas de paso o de transición hacia otros ambientes o estancias del complejo termal.
     Al oeste de la estancia más occidental del tepidarium se ubica una estancia de planta ovoidal. A lo largo de gran parte de su perímetro interno, y adosado al muro de cierre, discurre un banco corrido que debió de estar revestido de placas de mármol. En la fachada sur se abre un gran ventanal dividido por dos columnas. La pared interior del lado norte presenta en su parte central y a una altura de 1,5 metros un nicho que, posiblemente, estuvo destinado a acoger alguna pequeña imagen decorativa. En cuanto a la cubrición, ésta debió realizarse mediante una cúpula ovoidal, quizás rematada por una pequeña linterna que permitiera cierta ventilación. Si hacemos caso a las tesis defendidas por los investigadores, este ambiente debe ser interpretado como un sudatorium o sauna seca.
Conjunto de ambientes calefactados. De derecha a izquierda se aprecia en primer lugar el ventanal del ábside del caldarium; las dos estancias siguientes (la primera con la línea de fachada recta y la segunda con el frente ligeramente curvo) han sido identificadas como tepidarium o ambientes templados de transición; la sala ovoidal identificada como un sudatorium; finalmente, el ambiente octogonal o heliocaminus.
     Finalmente, hacia el oeste, se encuentra una estancia de planta octogonal que se identifica como un heliocaminus o sala para tomar baños de sol. En la fachada sur se abren cuatro ventanales que proporcionaban luz y ventilación suficiente para cumplir esa hipotética función. La cubrición de este espacio se realizaría probablemente mediante una cúpula hemisférica rebajada.
Recreación hipotética del interior de la sala octogonal identificada como un heliocaminus o zona para tomar baños de sol. Las amplias ventanas abiertas en cuatro de sus lados permitiría conseguir la máxima insolación al interior.

Imagen, desde otro ángulo, de la sala octogonal identificada como un heliocaminus o zona para tomar baños de sol
     Hacia el sur de estos ambientes cálidos se abre un espacio al aire libre, de forma trapezoidal, que se ha identificado como la palaestra, o lugar donde se realizarían actividades en el exterior. La palaestra estaba delimitada en tres de sus lados por pórticos sustentados por columnas con capiteles jónicos. Al fondo de estos pórticos se abrirían diversos edificios, algunos de los cuáles pudieron haber prestado un servicio auxiliar al complejo termal, como es el caso de las latrinae situadas en el lado sur o, también, de la enorme cisterna que se encuentra en el lado oriental que pudo haber dado servicio a este edificio.
Vista general del lado oriental de la palestra, con los dos templetes en primer término y el corredor perimetral porticado al fondo.
     En la parte suroeste de la palaestra se levantan dos estructuras que han sido identificadas como templos o lugares de culto dedicados a divinidades relacionadas con la salud y el bienestar. El templo situado más al sur es notablemente más grande que el situado junto a él, que presenta unas dimensiones muy reducidas.
Templos o espacios cultuales situados en el flanco oriental del espacio abierto de la palaestra. Estos dos templos tienen sus fachadas principales orientadas hacia el noroeste, de tal manera que podían ser vistas desde cualquiera de los ambientes cálidos que tenían sus vistas hacia el interior de la palaestra.

viernes, 24 de junio de 2016

ARKEOGRAFIA Y EL 8º CONGRESO INTERNACIONAL ARQUEOLOGICA 2.0


ARKEOGRAFIA estará presente en el 8º Congreso Internacional de Arqueología e Informática Gráfica, Patrimonio Cultural e Innovación que, con el lema "Documentación 3D avanzada, modelado y reconstrucción de objetos patrimoniales", tendrá lugar durante los próximos días 5-7 de septiembre en el Campus de Vera de la Universidad Politécnica de Valencia.
Para esta ocasión ARKEOGRAFIA ha preparado un artículo y una presentación en los que se adelantan algunas conclusiones e imágenes de los resultados obtenidos en el proceso de reconstrucción virtual de los distintos ambientes de un nuevo complejo termal anexo al flanco meridional de la Villa del Casale (Piazza Armerina, Sicilia) que fue descubierto en 2009 y excavado por un equipo internacional y multidisciplinar de arqueólogos hasta el 2014 y dirigido desde el Departamento de Arqueología de la Universidad "La Sapienza" de Roma por el Prof. Patrizio Pensabene.
Para la elaboración de este artículo ARKEOGRAFIA ha contado con el estudio presencial, sobre el terreno y de primera mano de los materiales y elementos arquitectónicos y/o decorativos exhumados en el transcurso de las distintas campañas de excavación, así como el análisis directo de las estructuras conservadas "in situ".
Nos saludamos en Valencia.

miércoles, 17 de febrero de 2016

EL APROVECHAMIENTO DOMÉSTICO DE LAS AGUAS PLUVIALES EN ÉPOCA ROMANA: EL SISTEMA COMPLUVIUM/IMPLUVIUM

     Que los romanos de la Antigüedad clásica fueron unos verdaderos maestros en el arte de conseguir un aprovisionamiento abundante y de calidad de agua para ocio y consumo no es algo novedoso; tan sólo hay que tener en cuenta el gran número de obras de canalización, almacenamiento o evacuación que se han conservado hasta nuestros días y que, por increíble que pueda parecer, algunas de ellas continuaron en pleno funcionamiento hasta hace muy poco tiempo e, incluso, continúan estándolo en la actualidad.
     Acueductos sobre vertiginosas arcadas que parecían desafiar la ley de la gravedad, canales que, en su recorrido de decenas de kilómetros, llegaban a horadar montañas con tal de no desviarse del trazado dispuesto por los ingenieros romanos; todo ello hacía a las ciudades romanas abundantes en recursos hídricos. Probablemente, todas estas obras públicas (pues eran destinadas para el uso y disfrute de la comunidad) eran promovidas y sufragadas por el Estado o por las instituciones públicas ciudadanas de una determinada comunidad.
     En el ámbito doméstico privado, muchas casas aprovechaban, además, el agua de la lluvia para disponer así de una reserva adicional. Para ello disponían del sistema compluvium/impluvium
Imagen idealizada del interior de un atrio de una casa de época romana con el sistema compluvium/impluvium en primer término.
     El compluvium era una abertura superior realizada en el centro de una de las estancias, generalmente el atrio (una especie de patio o espacio descubierto) de muchas domus y villae. Las vertientes inclinadas de los tejados que cubrían este atrio se disponían concéntricamente de tal forma que el agua resbalase hacia el centro donde, bien directamente o mediante canalones (a veces ricamente decorados) vertían el agua en el interior de la estancia. El compluvium podía estar sostenido bien mediante vigas de madera en voladizo cuyos extremos se encastraban en las paredes y que se cruzaban en ángulo recto enmarcando la abertura, mediante columnas o pilares colocados en los ángulos de esta abertura, o también, mediante una combinación de las dos técnicas.
Imagen del compluvium, la abertura por donde era vertida el agua de lluvia que resbalaba por los tejados perimetrales. En este caso está enmarcado por vigas que se entrecruzan y reforzado con columnas en las intersecciones.
     Cuando el agua era "vomitada" al interior de la estancia, ésta se recogía en el impluvium, que no era sino un receptáculo, de poca profundidad (rara vez superaba los 30 centímetros de desnivel respecto al nivel del suelo de uso), generalmente con la misma forma geométrica que tenía el compluvium superior, que solía ser rectangular o cuadrada. Era frecuente que el compluvium comunicase con una cisterna subterránea que constituía la verdadera reserva adicional de agua. Los compluvia podían estar pavimentados tan sólo con una solera de mortero hidráulico (opus signinum) o también revestidos de placas marmóreas o mosaicos. En ocasiones, en el centro de este pequeño estanque se colocaban, como complementos decorativos, pequeñas estatuas o piletas. 
     Cuando existían las cisternas subterráneas a las que se ha hecho referencia anteriormente, el acceso al agua almacenada en las mismas se realizaba a través de un puteal o pozo, abierto en uno de los lados del compluvium
Imagen del impluvium interno. La presencia, en uno de los laterales de un puteal o pozo indica la existencia de una cisterna subterránea.
     La función del sistema compluvium/impluvium no se limitaba sólo al almacenamiento de agua, pues la abertura superior del tejado permitía el paso de la luz a las estancias interiores y, además, el agua recogida en el estanque inferior interno podía actuar como regulador térmico proporcionando frescor en las temporadas de calor.