miércoles, 17 de febrero de 2016

EL APROVECHAMIENTO DOMÉSTICO DE LAS AGUAS PLUVIALES EN ÉPOCA ROMANA: EL SISTEMA COMPLUVIUM/IMPLUVIUM

     Que los romanos de la Antigüedad clásica fueron unos verdaderos maestros en el arte de conseguir un aprovisionamiento abundante y de calidad de agua para ocio y consumo no es algo novedoso; tan sólo hay que tener en cuenta el gran número de obras de canalización, almacenamiento o evacuación que se han conservado hasta nuestros días y que, por increíble que pueda parecer, algunas de ellas continuaron en pleno funcionamiento hasta hace muy poco tiempo e, incluso, continúan estándolo en la actualidad.
     Acueductos sobre vertiginosas arcadas que parecían desafiar la ley de la gravedad, canales que, en su recorrido de decenas de kilómetros, llegaban a horadar montañas con tal de no desviarse del trazado dispuesto por los ingenieros romanos; todo ello hacía a las ciudades romanas abundantes en recursos hídricos. Probablemente, todas estas obras públicas (pues eran destinadas para el uso y disfrute de la comunidad) eran promovidas y sufragadas por el Estado o por las instituciones públicas ciudadanas de una determinada comunidad.
     En el ámbito doméstico privado, muchas casas aprovechaban, además, el agua de la lluvia para disponer así de una reserva adicional. Para ello disponían del sistema compluvium/impluvium
Imagen idealizada del interior de un atrio de una casa de época romana con el sistema compluvium/impluvium en primer término.
     El compluvium era una abertura superior realizada en el centro de una de las estancias, generalmente el atrio (una especie de patio o espacio descubierto) de muchas domus y villae. Las vertientes inclinadas de los tejados que cubrían este atrio se disponían concéntricamente de tal forma que el agua resbalase hacia el centro donde, bien directamente o mediante canalones (a veces ricamente decorados) vertían el agua en el interior de la estancia. El compluvium podía estar sostenido bien mediante vigas de madera en voladizo cuyos extremos se encastraban en las paredes y que se cruzaban en ángulo recto enmarcando la abertura, mediante columnas o pilares colocados en los ángulos de esta abertura, o también, mediante una combinación de las dos técnicas.
Imagen del compluvium, la abertura por donde era vertida el agua de lluvia que resbalaba por los tejados perimetrales. En este caso está enmarcado por vigas que se entrecruzan y reforzado con columnas en las intersecciones.
     Cuando el agua era "vomitada" al interior de la estancia, ésta se recogía en el impluvium, que no era sino un receptáculo, de poca profundidad (rara vez superaba los 30 centímetros de desnivel respecto al nivel del suelo de uso), generalmente con la misma forma geométrica que tenía el compluvium superior, que solía ser rectangular o cuadrada. Era frecuente que el compluvium comunicase con una cisterna subterránea que constituía la verdadera reserva adicional de agua. Los compluvia podían estar pavimentados tan sólo con una solera de mortero hidráulico (opus signinum) o también revestidos de placas marmóreas o mosaicos. En ocasiones, en el centro de este pequeño estanque se colocaban, como complementos decorativos, pequeñas estatuas o piletas. 
     Cuando existían las cisternas subterráneas a las que se ha hecho referencia anteriormente, el acceso al agua almacenada en las mismas se realizaba a través de un puteal o pozo, abierto en uno de los lados del compluvium
Imagen del impluvium interno. La presencia, en uno de los laterales de un puteal o pozo indica la existencia de una cisterna subterránea.
     La función del sistema compluvium/impluvium no se limitaba sólo al almacenamiento de agua, pues la abertura superior del tejado permitía el paso de la luz a las estancias interiores y, además, el agua recogida en el estanque inferior interno podía actuar como regulador térmico proporcionando frescor en las temporadas de calor.

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