viernes, 28 de abril de 2017

EL TEMPLUM PACIS, FORO DE LA PAZ O FORO DE VESPASIANO EN ROMA

     Por su configuración e incluso funcionalidad se puede considerar como el foro más peculiar y uno de los más extensos (cerca de 21.000 m2) con que contó la ciudad de Roma en la Antigüedad. Fue mandado construir por el emperador Vespasiano y finalizado años más tarde, en el 75 d. C.
     El Foro de la Paz o Templum Pacis (como fue conocido y nombrado por algunos autores antiguos) estaba constituido por una gran plaza central (de 110 x 105 metros), abierta, rodeado por corredores porticados con columnatas en tres de sus lados, a excepción del flanco septentrional, que lindaba con el Foro de Nerva, y cuya decoración consistía en una hilera de 20 columnas corintias lisas de mármol africano, de mayores dimensiones que las de los lados restantes, cuyo orden completo llegaba a alcanzar una altura de 15,5 metros (sólo los fustes monolíticos tenían 11,7 metros de longitud) que sobresalían respecto a la pared del fondo que actuaba como cerramiento. En esta pared se abrirían una serie de vanos (seguramente puertas, aunque también es posible que existieran vanos superiores a modo de ventanas) que establecerían comunicación directa con la plaza forense adyacente.

Imagen cenital del complejo arquitectónico del Foro de la Paz con la configuración y disposición de los principales elementos que la componen: los euripi o estanques agrupados a ambos lados de una zona central despejada, las líneas de setos y decoración vegetal que bordean los estanques, las hileras de árboles, el altar central flanqueado por pedestales de estatuas, las columnatas de lo pórticos perimetrales, la monumental columnata de acceso al pronaos, el altar, y la franja pavimentada del lado septentrional.
     Las intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en la zona hasta hace muy poco tiempo han puesto de manifiesto que prácticamente la totalidad de la plaza poseía un suelo de tierra compactada, a excepción de una franja de 12 metros de anchura que recorría el flanco septentrional que estaba pavimentada con losas de mármol blanco.
     En la zona no pavimentada de la plaza se situaban seis estructuras alargadas, realizadas en ladrillo y revestidas con mármol blanco. Se sitúan tres a cada lado de una amplia franja central, despejada, y estaban separadas entre sí unos cinco metros de distancia. Su longitud (unos 60 metros), su altura (alrededor de 1,5 metros), su anchura (4,5 metros) y el hallazgo de restos de canalizaciones de plomo relacionados con estas estructuras, han sido identificadas como estanques decorativos o euripi. Estos estanques almacenaban agua en la parte central, abierta y, posiblemente, a través de diversas fontanas dispuestas longitudinalmente a lo largo de su estructura ésta se vertería hasta unos pequeños canales marmóreos que discurren pegados al suelo a lo largo del la totalidad del perímetro de cada uno de los estanques y cuyos restos han aparecido en las excavaciones de la zona.

Imagen del interior de la plaza vista desde el lado septentrional. A lo largo de la zona central se disponían dos hileras de cinco pedestales cada una destinados a servir de soporte a esculturas o grupos escultóricos que, a su vez, flanqueaban un gran altar con funciones religiosas o ritualísticas. Al fondo, la entrada al área de culto del recinto con sus gigantescas columnas. 
     Bordeando estas canaletas perimetrales inferiores han aparecido indicios de la existencia, durante la época de uso de este complejo arquitectónico, de setos vegetales y diversos tipos de plantas florales. Es probable que esta decoración vegetal se enriqueciese aún más con la presencia de hileras de árboles dispuestos en los espacios comprendidos entre un estanque y su adyacente.
     En la parte central de la plaza, en una posición cercana al pórtico meridional, las excavaciones han sacado a la luz los restos de una estructura cuadrangular que parecen corresponder a un gran altar que probablemente tuvo funciones rituales. En el lado occidental de este posible altar se han hallado cinco cimentaciones dispuestas en fila que parecen corresponder a otros tantos pedestales sobre los que se colocarían estatuas o grupos escultóricos. A este conjunto de pedestales les correspondería otro análogo y colocado de manera simétrica en el lado oriental.

Vista aérea de la configuración de la parte central de la plaza con la disposición de sus principales elementos. Los estanques junto con los setos vegetales, la decoración floras y los árboles otorgan a este espacio un aspecto de jardín, mientras que las estatuas, relieves, pinturas y todo tipo de obras de arte que se exponían entre sus muros lo convertían en un museo excepcional para la época.
     La plaza estaba bordeada en sus flancos meridional, occidental y oriental por corredores porticados de unos 12 metros de anchura y pavimentados con losas de mármoles polícromo de las variedades giallo antico y pavonazzetto colocadas alternativamente. Estos corredores eran accesibles desde la plaza mediante una serie de peldaños que salvaban el desnivel de 1,5 metros existente entre ambos espacios. Las columnas de los pórticos eran lisas, con un fuste monolítico de granito rosa de alrededor de 8,5 metros de longitud y basas y capiteles elaborados en mármol blanco. Sobre los capiteles apoyaba una cornisa moldurada de mármol blanco que sostenía un tejado a una única vertiente realizado con tejas e ímbrices de mármol blanco, rematados con antefijas del mismo material. A lo largo de las paredes de fondo de los pórticos oriental y occidental se abrían los accesos a algunas salas de servicio.

Imagen del interior del corredor porticado oriental. Hacia el lado de la plaza los pasillos perimetrales estaban delimitados por una columnata con  fustes elaborados en granito rosa que contrastaban cormáticamente con las basas y capiteles realizados en mármol blanco. Estaban pavimentados con losas marmóreas de tonalidades amarillas y blancas, colocadas alternativamente. Las paredes trasera de los corredores estaban decoradas con lesenas marmóreas dispuestas a intervalos regulares y los espacios entre ellas revestidos de lastras de diversos tipos de mármol. También a intervalos regulares, sólo en los corredores oriental y occidental se abrían las entradas a dos estancias laterales. Una barandilla o barrera de cipollino dividía longitudinalmente cada uno de los corredores, posiblemente para impedir el acceso directo a las numerosas obras de arte de todo tipo que se situaban en una posición cercana a las paredes del fondo.

Imagen, desde el interior de la plaza, de un tramo del corredor porticado oriental. Se observa el extremo de uno de los euripos, la escalinata perimetral que permitía salvar el desnivel existente entre el suelo de la plaza y el de los corredores porticados, parte de la franja pavimentada del lado septentrional del interior de la plaza, así como (en la parte central de la imagen) el acceso a una de las estancias laterales de los pasillos perimetrales.

Imagen del interior del corredor meridional, justo desde el pronaos que antecede al aula de culto. Las esculturas se disponían sobre pedestales situados junto a las paredes de fondo.
      La peculiaridad más llamativa de estos corredores perimetrales reside en la presencia de una barrera continua, profundamente fijada en el pavimento, revestida con lastras de mármol cipollino, que dividía longitudinalmente cada uno de los corredores en dos mitades exactamente iguales, pero perfectamente separadas una de otra. No está clara la función de esta barrera, aunque es posible que sirviera para establecer una separación efectiva entre el público que acudía al complejo arquitectónico y las esculturas que se encontraban dispuestas, entre las lesenas marmóreas que decoraban las paredes del fondo de los pórticos, tal y como parecen indicar los restos de pedestales encontrados en las intervenciones arqueológicas.
     En la parte central del pórtico septentrional se desarrolla una imponente portada conformada por seis columnas gigantescas, de fuste liso y monolítico realizado en granito rosa egipcio, con una longitud cercana a los 15 metros. La basas, capiteles y entablamento que conformaban este orden estaban realizadas en mármol blanco lunense. El conjunto se coronaba con un frontón triangular, también elaborado en mármol blanco. Esta portada daba acceso al pronaos del verdadero espacio de culto, al que se accedía definitivamente a través de una segunda hilera de seis columnas con unas características tipológicas en todo análogas a la anterior.

Imagen frontal de la imponente fachada que daba acceso al área de culto del complejo arquitectónico. Las inmensas columnas contaban con fustes lisos monolíticos que alcanzaban los 15 metros de longitud. El conjunto se completaba con basas, capiteles y entablamento realizados con mármol de tonalidad blanca. A través de una segunda columnata interna, idéntica en todo a la exterior, se accedía directamente al aula de culto.
     El aula de culto consistía en una profunda estancia rectangular, en cuya pared de fondo se abre un ábside semicircular. Aproximadamente el último tercio meridional de la sala estaba ocupado por un podio de 1,5 metros de altura respecto a la cota de paso del resto del aula. Este podio no presenta un frente recto, sino que presenta un tramo avanzado de aproximadamente un tercio de la longitud total. Las excavaciones arqueológicas de esta zona han sacado a la luz pruebas de una instalación hidráulica que posiblemente estaría relacionada con la presencia de algunas fontanas lustrales sobre el podio. También sobre el podio, en  una posición central y coincidente con el ábside del fondo se situaba un gran pedestal de 3 metros de altura, revestido de lastras marmóreas, sobre el que estaría apoyada una colosal estatua dedicada a La Paz, posiblemente personificada como una divinidad femenina. El pavimento del resto del aula de culto, comprendido entre el pronaos y el podio, estaba conformado por un opus sectile de gran formato organizado según un esquema reticular. La malla está conformada por la disposición de filas de lastras rectangulares de mármol pavonazzetto que se entrecruzan formando grandes espacios cuadrados de 3,5 metros de lado. El interior de estos cuadrados está revestido de mármol de la variedad giallo antico, excepto en la parte central, donde se disponen de manera alternativa y buscando el contraste cromático, grandes discos de pórfido rojo, granito gris (de la variedad denominada como "granito del Foro") y pavonazzetto de 2,5 metros de diámetro. Estos discos estaban todos bordeados por una estrecha banda marmórea (alrededor de 20 centímetros de anchura) realizada tanto en pórfido rojo como en pavonazzetto.

Imagen del interior de la plaza visto desde el ángulo nororiental. 
     A ambos lados de la estancia de culto se abrían dos pares de estancias que prestaban servicio al resto del complejo arquitectónico. La función de las dos estancias del lado oriental es desconocida por encontrarse aún sin excavar, mientras que aquella situada en el extremo del lado occidental pudo tener una función administrativa o catastral ya que contuvo con total seguridad en su interior la denominada Forma Urbis severiana. Ésta consistía en un plano de la Roma de la época con numerosas indicaciones topográficas y catastrales, realizado mediante la labra de 150 lastras de mármol blanco dispuestas en una de las paredes de cierre de la sala y alcanzaba unas dimensiones de 18 x 13 metros. Algunos de los trazos incisos de la Forma Urbis estaban pintados de color rojo, quizás para diferenciar cada una de las Regiones en que se dividía la capital imperial en aquella época. Hoy se considera que la Forma Urbis marmórea no tenía una función consultiva, debido a sus grandes dimensiones y a la dificultad que entrañaba distinguir determinados detalles por un espectador que se encontrase a nivel del suelo de la sala. Es posible que, incluso en la misma estancia, existiese otra "Forma Urbis" más fácil de consultar, elaborada a partir de documentos realizados en papiro o pergamino y que la estancia sirviese de archivo, consulta y biblioteca para este tipo de documentos.

Recreación ideal del recinto de la Forma Urbis. El plano marmóreo, fijado en la pared del fondo, tenía unas dimensiones enormes que impedían un uso práctico como documento catastral o topográfico, por lo que probablemente tendría una función meramente decorativa y ornamental. La posible existencia de planos y documentos elaborados en materiales más manejables y accesibles, junto con su facilidad de almacenamiento y custodia, convertirían este espacio en una especie de archivo o biblioteca, tal y como señalan algunas fuentes de la época que debió existir en el Foro de la Paz.
     Por lo que respecta a la decoración de esta sala, el pavimento está conformado por una alternancia de losas marmóreas, muy regulares en sus dimensiones, de las variedades pavonazzetto y portasanta, colocadas alternativamente configurando un esquema escalonado. El revestimiento parietal consistiría en un zócalo continuo de losas de portasanta sobre las que discurriría un fino listel moldurado de mármol blanco. Sobre todo ello, se volvería a repetir la alternancia de lastras de portasanta y pavonazzetto, en este caso conformando alineaciones verticales según su policromía.

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